Las cosas que no queremos hacer II

Ha pasado muy poco tiempo, apenas unos días, los más vacíos de mi vida. No hay comparación posible con las veces que sufrí en el pasado. Esa sensación de ahogo y profunda desesperación que solía invadirme por la mañana, querer negar que esta pasando algo. Ahora no es tiempo de negar, esta vez es tan real el abandono, la soledad se expande a cada segundo un poco más, no cesa.

Pero nadie queda a la deriva así como así. Porque cuando dios te manda al desierto, aun en el desierto te provee. Cuando te destierra, aun en el extrajero te envía un compañero, y si no has de tener para alimentarte, te dará para que comas. Porque nadie lleva a cuestas más de lo que puede cargar.

Estando al borde de la inmensa grieta que me separa de lo que quiero, sintiendo la tristeza al mirar cuan profunda es, y levantar la vista hacia el otro lado donde esta todo lo que más amo. Tras de mi, tengo apoyo, alguien toca mi hombro, y alguien más... y mi espalda se siente reconfortada, por personas que no quiero voltear a mirar. Porque al frente, ahí delante de mí, separado por una vasta zanja y un abismo está todo lo que yo más quiero. Como no tener ganas de gritar, gritar al cielo, porque duele, duele.

Me permito en esta ocasión, a quienes están tras de mi, admitirles que no puedo sola, no puedo levantarme, yo... les pido que me levanten.

Pero admitir que no puedes no te exime de que, tarde o temprano, hay cosas que no puedes ignorar, hay cosas de las cuales te debes encargar. Pero al menos por ahora, no lo haré, porque estoy destruida. La negrura de los días la vivo mientras otros se encargan de mi, no camino, me llevan a cuestas.

De esta manera, no puede pasar mucho tiempo.
Y así pasa.
Pero en esta ocasión es el tiempo el que decide por mi. Miro la zanja y el abismo, y mi corazón se eleva, porque se ha empequeñecido... ¿Se ha estrechado la grieta? El otro lado, ¿esta más cerca?. La respuesta: sí.
No sé como ordenar mis emociones, porque no sé lo que estoy sintiendo. Estoy feliz, estoy triste, estoy frustrada, siento rencor y siento deseos de perdonar, todo al mismo tiempo. En otras palabras, puedo cruzar, el otro lado, el otro lado está a un paso y yo puedo volver donde quiero así sin más.
Así sin más, sin esperar ni un segundo, porque he esperado tantos, porque ya he sufrido tantos. Sin embargo, algo me retiene.Me veo desde afuera, y no puedo creer lo que estoy viendo. Estuve ocupada trabajando, tengo un que hacer conmigo misma que estaba cumpliendo sin ser consiente de que lo hacia. Estuve curando mis heridas, estuve sanando.
A mi alrededor la gente que me agarro de los hombros y abrazo mi espalda, los que me levantaron cuando no pude yo sola, aparecen de forma clara y la oscuridad que las mantenía en secreto se vuelve luz y los veo a todos de forma nítida.
Para mi sorpresa, ya no quiero levantarme y cruzar al otro lado así sin más.
Ahora, hay calma.

Las cosas que no queremos hacer, han quedado atrás.
Cuando te enfrentas a ellas, cuando escogemos no huir, libras una guerra sin miedo, sabes que saldrás con heridas, sabes lo mucho que perderás, perder, esa palabra que es tan difícil de asumir, de entender, perder... yo no tengo miedo de perder. El precio de una victoria vacía es mucho más alto que el precio de la batalla perdida, la derrota te dará herramientas y soportes para que un día, cuando obtengas tu victoria, esta sea plena.

En medio de la tranquilidad, la frustración es lo primero que se va. Luego se retira la tristeza y le sigue el rencor, todos hacen abandono de la escena, y es hora de limpiar, te das el lujo de respirar profundo más de una vez para sentir con más fuerza, sentir eso que habías perdido y esta de vuelta, confianza. Siempre estuvo ahí, sin embargo, se vio aplastada, opacada, disminuida, completamente al margen mientras los protagonistas hacían de lo suyo destruyendo cuanta luz hubiera en su camino. Lo que ahora viene a invadir es la sensación plena del poder. Claro hay que tener que no le hemos ganado a nadie, acá, las batallas no son contra personas, no luchamos para ganar poder sobre ningún otro sujeto, nos ganamos el poder de tomar nuestras propias decisiones, para que las cosas que no queremos hacer, queden atrás. Hay poder, es una batalla ganada y es momento de hacer uso de la victoria, esta vez, puedes escoger, se siente la libertad en el corazón... ya no más cosas que no queremos hacer.

Sin embargo, antes de pasar los días más oscuros, jamás hubieses podido escoger a conciencia. Conocer a la fuerza aquello que no queremos ver, acercarnos por obligacion a lo que hemos esquivado tan prolijamente. Tomar conocimiento de lo que tenemos y de lo que carecemos. Sin estar enterados de lo que está en juego al momento de apostar, no se puede decidir. ¿Cómo escoger, si no tienes idea cuales son tus opciones?.

||Lees mucho y vives poco. Un dia escribiré un libro de lo que he vivido, tu has de tener para contar, lo que otros han escrito de la vida, yo tengo para contar, lo poco y ridículo que he vivido, pero que es mio y no de otros.||

Las cosas que no queremos hacer.

Qué apropiadas palabras he encontrado de la boca de gente que al parecer, no las comprende.
Han sido meses difíciles, donde para variar, pongo a prueba mi juicio, donde he tenido que tomar decisiones.


Sola. En casa nadie parece notar que las cosas no van bien. Cada día un poco más triste, porque todos estamos tratando de salir adelante, pero... un pero... cada uno lo hacer por su propia cuenta.
Con las mejores intenciones... todos sabemos que estamos mal y que debemos hacer algo.
Pero cada uno por su propio lado, alejados.
Los días pasan, y la frustración nos consume. Nuestras caras no son las mismas que eran hace unos meses. Nuestra fuerza cada día se agota más. Estamos irritables.
Todos queremos solucionar, todos buscamos por nuestro lado. Estamos juntos en esto, y la vez, estamos solos.

No aguanto más. Sé que estamos haciendo las cosas mal. ¿Entonces los enfrento?.
Estoy consiente que no puede seguir todo así. No estamos llegando a ningún sitio. O nos subimos todos en el mismo bote, o cada uno deberá tomar uno por separado.

Rezo. Señor, que tomemos el mismo bote, no quiero tomar uno yo sola, los necesito a mi lado, necesito su apoyo, necesito su cariño.

Sin embargo, las dificultades nos ciegan y la intención de unir, termina por separarnos.

Entonces... entonces lloro.
Es el momento en que habiendo hecho todo lo que debí, lo que a todas luces el mundo me decía debía enfrentar. En ese momento... el resultado es la ruptura.
No los quiero dejar. No los quiero tener lejos de mi. Los necesito a mi lado.

Los días nunca antes habían tenido ese sabor.
Es diferente a todo cuanto he pasado hasta ahora.
Aquellas cosas que uno piensa... "eso, jamás me sucedería a mi".

¿Y ahora que?, Ahora es el momento cuando hacemos "Las cosas que no queremos hacer". Te tragas el orgullo, agachas la cabeza. A la vez que te armas de fuerza, para no desistir. Porque debes hacerlo, porque debes ser honesto contigo mismo, porque aquello que no puedes ignorar, aquello que te involucra y no te hace feliz, te daña.