
Cuanto ansío que lleguen los días fríos, los días de lluvia, quisiera oler la tierra húmeda y ver más nítidos que nunca los colores de mi mundo… el mundo que no estoy segura si aguantara mucho tiempo más.
Quiero días que me acojan, días que me hagan sentir calma, porque necesito tranquilidad, para mi mente, para mis sentimientos.
A cuantos le he dicho que he cambiado, cuantas veces he escrito que soy otra, que ya no soy altanera, que he tenido que aprender a morder el polvo… pero no es tan así, sigo siendo la misma de hace 3 años, la misma de hace 5 años, la misma de hace 10 años.
La misma que no entiende nada, por qué nunca nada tiene un maldito sentido, todo parece al revés y yo por no aceptarlo… termino sola.
Tengo la respiración oprimida, siento un peso descomunal sobre mí, pero tengo que aguantar, debo aguantar, lo que cueste, lo que duela, no importa cuánto hiera. Debo aguantar.
Quizás, la única diferencia entre el ayer y hoy es que, hoy tengo fe, y es inquebrantable. Aunque no entienda, aunque no lo acepte. Esto debe llegar a un maldito fin.
No me voy a rendir.